miércoles, 12 de noviembre de 2014

Binner y un rostro sin máscaras



Otra vez nos vemos tentados a entretenernos con los dichos de Hermes Binner, un candidato progresista que se esfuerza cada día por parecerlo menos. No es sólo su falta de elocuencia lo que nos invita a detenernos en él. Si fuera por eso, nos quedaríamos casi sin postulantes para las elecciones presidenciales. El trasfondo de sus ideas es lo que sorprende, además de sus tropiezos expresivos. La lectura de la realidad que vierte sin cesar en los medios, no sólo es contradictoria, incoherente y desinformada, sino que dista mucho de la centro-izquierda. Para el anecdotario quedarán su predilección por Capriles, el candidato derechoso de Venezuela y la creencia en la mano invisible del mercado, que, en boca de un socialista, suena incongruente. También se mostró incómodo porque en el conflicto con los fondos buitres, el Gobierno Nacional ofende al Imperio. Como si hiciera falta, en el día de la Tradición ofreció un bocadillo más para ser considerado como un perfecto neoliberal, entre otras cosas.
Un pequeño paréntesis se hace imprescindible. Los medios hegemónicos dieron mucha difusión a los festejos importados de fines de octubre, con niños disfrazados de brujas, vampiros y zombis pero ignoraron la celebración que conmemora al creador de Martín Fierro. En algunos colegios, hasta se brindó amplio espacio a los festejos de halloween pero nada se hizo en relación al símbolo de nuestra argentinidad, más allá de todo lo que se pueda debatir en torno a ello. ¿Acaso avergüenza más disfrazarse de gaucho que de monstruo? Por supuesto, no todo pasa por esto para garantizar el futuro, pero algo tiene que ver. Si nuestros chicos no conocen lo propio, ¿cómo podrán valorarlo?
Nada de esto dijo Binner, pero se refirió a los valores de la peor manera que le salió. "La pobreza genera falta de valores", lanzó, sin dudarlo. Y después, cuando trató de explicarse, se hundió más en el fango de la discriminación: "los hogares pobres tienen más hijos y por eso hay más pobres, que viven en villas miseria y forman hogares en los que se juntan numerosos desvalores de la sociedad". Nada puede asombrar del dirigente del Partido Socialista que fue expulsado del Foro de San Pablo. Siempre que trata de ser creativo, termina rozando el ridículo. "Ya no existe más la mesa en la que se reúne la gente –se explayó, en la cumbre de su genialidad- la mesa en la que los chicos hacen las tareas de la escuela no está porque los padres la vendieron para poder comer". Un chiste que, además de desacertado y de mal gusto, resulta avejentado.
Para que nadie se confunda: la libertad de expresión no debe entenderse como un cheque en blanco para decir cualquier cosa, más aún en un diputado que pretende ser presidente. Un poco de responsabilidad se le pide, no más que eso. Pero como parece tener la convicción de una babosa y el intelecto de un potus, se dio el lujo de ampliar sus “conceptos progresistas”: “la falta de valores usted la puede leer en los abusos sexuales, en la trata, la droga, en no tener alimentación adecuada en un país que produce alimentos". Los primeros ejemplos no son exclusivos de los sectores menos favorecidos y se relacionan más con delitos, con conductas individuales y no con acciones colectivas, pero el último, necesita una lectura más minuciosa.
El valor del silencio
En todos los idiomas del planeta, la comida no es un valor, sino una necesidad. Y la insatisfacción en este rubro podrá ser atrocidad o vergüenza pero nunca un desvalor y menos del que la padece. En todo caso, la ausencia de valores se concentra en quienes provocan la inequidad: la succión permanente de los que se quieren quedar con todo y los gobiernos que lo permiten. Pero de esto nada dice el diputado socialista. La culpa de la pobreza es del pobre. O, en todo caso, ser pobre es un desvalor. Y, para profundizar el estigma, afirma que la pobreza genera más desvalores.
Pero nada menciona el candidato a presidente que se cree progresista sobre los que evaden, especulan, estafan y fugan divisas. Tampoco tienen nada que ver los formadores de precios que se apoderan de nuestras billeteras en un simple paseo por las góndolas. Esos tienen como único valor la cifra a la que llega su cuenta bancaria, incrementada a costa de pisotear los derechos de todos. Eso no es un desvalor para el supuesto socialista. Y no son pobres, pero saquean nuestras riquezas como si estuvieran famélicos.
Cuando hizo referencia a los desvalores, el diputado Hermes Binner olvidó mencionar a las cuevas financieras en las que se trata de forzar una devaluación de la moneda, trapisonda que puede llegar a dificultar la redistribución del ingreso. Tampoco incluyó a esas grandes empresas que a través de la sobrefacturación de exportaciones o servicios fugan las divisas que tanto nos cuesta conseguir. Menos aún sugirió que la ausencia de valores anida en los medios hegemónicos a los que suele visitar, en donde las mentiras y manipulaciones superan la más inspirada imaginación; en donde las operaciones periodísticas alteran el orden jurídico y ponen en riesgo la convivencia democrática; en donde el desprecio hacia un sector importante de la sociedad alimenta los prejuicios de una minoría confundida. Tal vez eso no le moleste porque forma parte de esa minoría despectiva.
Sin dudas, no debe tener demasiada idea de lo que son los valores, teniendo en cuenta las barbaridades que ha dicho. Los valores no se instauran; se construyen en comunidad; se incorporan con logros y conquistas. La solidaridad es un valor, no aquello entendido como caridad, producto de la desigualdad, sino la empatía que surge entre iguales. El diálogo es un valor, pero no el que reclaman los poderosos como una manera de restaurar el modelo de exclusión, sino como la construcción dialógica que se da en la horizontalidad social. La institucionalidad es un valor, pero no cuando se extravía en la burocracia sino cuando está orientada al servicio del bienestar de los ciudadanos. La democracia es un valor no como formalidad sino como empoderación del pueblo.
Pero claro, como todos los candidatos de la oposición, Binner es un político cautivo de los medios hegemónicos y sus dicterios están al servicio del establishment. Si se escapa una línea del guión exigido, corre el riesgo de ser excluido de los estudios televisivos en donde tiene asistencia perfecta. Y cree que así logrará alcanzar el sueño de ser presidente. El rating transformado en votos. No es el único que piensa así, por supuesto. Esos eternos candidatos que tienen como centro de operaciones la CABA y algunos metros más allá, se olvidan de que hay un territorio inmenso que necesita alternativas para seguir construyendo el país. Por eso, en lugar de ofrecer propuestas concretas de gobierno, sólo destilan dicterios caceroleros. El titular como fuente, la foto como fundamento, la restauración como rumbo. Esto es lo que prometen cada vez que vuelcan su ideario en un micrófono. Un viejo dicho afirma que en boca cerrada no entran moscas pero, por lo que parece, en estas bocas tan abiertas cada vez entrarán menos votos.

4 comentarios:

  1. Estas declaraciones del diputado Hermes Binner surgen de una entrevista realizada por Cynthia García en el programa "A cara lavada" de la Radio Pública el lunes entre las 7 y las 9. También fueron reproducidas en Tiempo Argentino en su edición del martes.

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  2. Respecto a la afirmación última "En estas bocas abiertas cada vez entraran menos votos." No estoy seguro, teniendo en cuenta por un lado la ignorancia, y por el otro la cantidad de gorilas de esta provincia, no se si no es una estrategia del diputado para seducir aún más cantidad de votantes.

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  3. No es muy seductor el candidato. Hay otros más confiables. De cualquier manera, la gente no come vidrio. Sabe que Binner es una especie de De la Rúa y el que se quema con leche, ve un chupete y llora

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  4. Excelente Gustavo ,como siempre!!! Y tanto a Binner como a otras "Lacras de su misma Especie" hay q dejarlas hablatr...Que lo sigan haciendo,así se terminan de QUEMARRRR !!!

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