viernes, 5 de diciembre de 2014

Los independientes del buen sentido



Algunos personajes de la política criolla se resisten a abandonar el ridículo. Por el contrario, redoblan sus esfuerzos. Que el dirigente del PRO, Eduardo Amadeo haya decidido iniciar una compensación a la gorra de la multa que el Consejo de la Magistratura aplicó al pluri denunciado juez Claudio Bonadío es una clara postal de ello. Una postal que no sólo indica que obedece sin dudar a la agenda de los medios hegemónicos, sino que sugiere una deslegitimación de las instituciones democráticas. Y como buen manipulado, se dedica nada más que a repetir los titulares de los diarios como todo argumento. Después pregonan sobre la independencia, cuando la pisotean de todas las formas posibles. Con Malvinas, se ponen de parte de los kelpers; con la deuda, de los buitres; con las cuentas en Suiza, de los fugadores. Y ante cada tema que surge o que inventan se encuadran en la postura que peor representa los intereses de la mayoría. Amadeo y otros como él, jamás llegarán a las altas esferas del poder: su lugar en el mundo es allanar el terreno para permitir el arribo a La Rosada del mejor gerente de los intereses del establishment.
Como si supiera de lo que habla, Amadeo explicó que “el kirchnerismo acaba de reducir en un 30 por ciento el sueldo de Bonadio, como represalia por las investigaciones que involucran a la Presidenta”, sin tener en cuenta que la sanción es por una causa de hace tres años. Entonces, insistió: “no podemos permitir que el Gobierno apriete a los jueces que investigan a los funcionarios”. Pero nada dice de los jueces que congelan aquellos procesos que involucran a los grandes empresarios. ¿Cuántos años lleva el caso Papel Prensa contra Clarín y La Nación, que incluye delitos de lesa humanidad? ¿O el juicio contra Blaquier por la Noche del Apagón, que siempre se extravía en vericuetos procesales como si esperasen la muerte del implicado? ¿Y la cautelar que protege a La Nación de pagar sus tributos porque el dedo de Carlos Fayt está posado desde hace más de diez años sobre su expediente? Y nada dicen estos defensores de las instituciones sobre los vínculos familiares que mantiene el Supremo con un directivo de ese diario ni que se ha pasado en veinte y pico de años del límite etario para terminar sus funciones.
Por eso parece una burla que el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti afirme que “la independencia es un tema central de la agenda” de todo el poder judicial. Claro, tendría que aclarar de qué está independizado el Poder Judicial. Porque todos los que usan este término dentro de las fronteras sólo piensan en la independencia del poder político, no del económico. Por eso aplauden cuando un fallo beneficia a un integrante del Círculo Rojo, se regodean cuando un juez desautoriza a algún funcionario y se sienten en la gloria cuando el ingenio jurídico logra salpicar a La Presidenta. Si ocurre todo lo contrario cacarean advertencias sobre presiones, amenazas y persecuciones a los jueces que piensan distinto. O denuncian ante los micrófonos que estamos ante un gobierno autoritario, faltando el respeto a las víctimas de la peor de las dictaduras. Eso sí, en cada una de sus intervenciones tratan de sembrar la desconfianza hacia el Gobierno Nacional. Pero no les sale tan bien, porque Cristina tiene una imagen positiva altísima en el séptimo año de su mandato. 
Educados para el futuro
Esto no quiere decir que la batalla está ganada. No, si recién está empezando. Mientras los espectáculos periodísticos sigan alimentando los prejuicios de una parte importante, aunque no mayoritaria, de la población, no podremos sentirnos victoriosos. Tampoco se pretende reemplazar un pensamiento único por otro. Lo que sería saludable para el fortalecimiento de la Democracia es que la política sea una contienda entre ideas y no una competencia por el rating; que sean los partidos los que elaboren los programas electorales y no los patrones desde sus siniestras madrigueras; que los políticos de la oposición se comprometan con los intereses del país y no con los de una minoría patricia; que las grandes empresas agradezcan el crecimiento que han tenido en estos años y que dejen de tratarnos como sus enemigos.
La batalla no está ganada, pero tenemos más herramientas para alcanzar la victoria. En apenas once años hemos aprendido de todo; lo más importante, que para construir una patria con equidad tenemos que escapar del neoliberalismo y resistir la prepotencia imperial. Pero también aprendimos que para alcanzar esa meta, debemos poner nombre y apellido a los que pretenden desviar nuestro camino; que el poder es poderoso mientras se mantiene en el anonimato; que un colectivo anda mejor que cualquier auto de alta gama; que la Justicia también debe estar orientada por la Democracia para que sea justa. Y que la política no es una mala palabra, mientras sea la expresión de las ideas de un pueblo.
Tanto aprendimos en estos años que los títulos de los grandes medios que antes nos hacían temblar, ahora nos provocan risa. Hasta nos hemos convertido en expertos analistas, pues somos capaces de desmontar operaciones y mentiras con muy poco esfuerzo. En el haber de nuestro aprendizaje está comprender un poco más el funcionamiento de la economía, que no es una ciencia exacta ni un fenómeno climático, sino una lucha de intereses de la que formamos parte. Y que los tecnócratas no son expertos sino facilitadores de grandes negocios de los que no vamos a ver un centavo.
Y lo que estamos aprendiendo es que la inflación no es un karma ni un designio divino sino el latrocinio de los formadores de precio que tratan –y muchas veces logran- apropiarse de nuestro dinero. Por ahora sabemos que más que como una variable económica, puede pensarse como un fenómeno psicológico o una anomalía ética. El miércoles, La Presidenta anunció la exención del impuesto a los altos ingresos en los aguinaldos de sueldos inferiores a 35 mil pesos. Casi 800 mil trabajadores que tendrán un poco más de dinero para volcar al consumo de fin de año. Esto es para que podamos consumir más, no para que compremos lo mismo que el mes pasado pero con precios aumentados. Cristina tendría que haber advertido esto, aunque nosotros ya sabemos. La competitividad que tanto reclaman los popes de la economía significa que quieren ganar más invirtiendo lo menos posible y a costa de nuestras billeteras.
Aunque hayan ganado más que nunca, no pierden la oportunidad de quejarse. Siempre quieren más, como sea. Los números que difundió CFK no dejan lugar a dudas: en once años, no sólo hemos salido del más profundo de los pozos sino que nuestra situación es la mejor de la historia reciente. Hasta los industriales más opositores reconocieron el crecimiento que ha tenido Argentina.  Sin embargo, siguen siendo opositores, aunque no se sepa por qué. Esto también deberá formar parte de nuestros conocimientos: cuando son los más ricos, los más poderosos los que protestan, sin dudas, transitamos por el camino correcto; cuando sonríen y se frotan las manos con satisfacción, torzamos el rumbo porque nos estamos equivocando.

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