lunes, 27 de julio de 2015

Radiografía de la campaña



Extraña dictadura la que estamos viviendo, en la que todos se expresan libremente y hasta nos estamos preparando para la recta final de las elecciones nacionales. Tan poco dictatorial es esta dictadura que los candidatos de la oposición elaboran sus mensajes de campaña a partir de las mentiras de los medios hegemónicos sin que nadie se los reproche. La grieta, la corrupción y el miedo son algunos de los temas abordados por los que menos posibilidades tienen de llegar a algo. Claro, debe ser difícil posicionarse como alternativa cuando no se la necesita. ¿Cómo disfrazarse de salvador cuando nada está en peligro? De algo se tienen que agarrar si quieren que alguien los vote. Pero más allá de los elaborados cortos televisivos y radiales, las propuestas están ausentes en la campaña de los que quieren destronar al FPV, lo que sugiere que en la carrera no serán los favoritos.
El pre candidato de Cambiemos, Ernesto Sanz promete unir al país. Apuntes Discontinuos ha abordado muchas veces esta extraña idea de la nación desunida, producto de la tan expandida falacia de la grieta. En esta alucinada lectura de los hechos, Argentina estaría dividida gracias a la belicosidad del kirchnerismo. Antes de la irrupción de los K, nuestro país parecía gozar de una armonía paradisíaca: todos estábamos felices ante el saqueo permanente de nuestros recursos por parte de una minoría patricia. Aunque en 2001 estábamos desolados con la insólita crisis en que nos habían sumergido los angelicales economistas del establishment, para el pre candidato radical eso es mejor que esto que estamos padeciendo. Sólo basta recordar el spot de los chorizos que el ‘socialista’ Hermes Binner utilizó algunos años atrás.
La unión que promete no es más que la aceptación de las recetas neoliberales de siempre; es el sometimiento a las angurrias de las fieras más desaforadas; es aplaudir un ajuste tras otro para solucionar un problema que no existe y que sólo llenará, una vez más, las arcas desbordadas de los que más tienen. Para la derecha, señalar a los carroñeros que se esconden en las sombras es producir una grieta; abandonar el modelo del derrame es generar una división. Para esta mirada de las cosas, no importa el bienestar de la mayoría sino la facilidad para devaluar, evadir, fugar en beneficio de unos pocos.
Otros candidatos basan su campaña en un ideal de honestidad y transparencia. La corrupción –según afirman- es el principal problema del país porque los K son todos chorros. Una lectura demasiado fácil de comprender, sobre todo para el público cautivo de los medios hegemónicos. Sin embargo, nunca mencionan la corrupción de los privados, cuyo accionar involucra montos mayores y perjuicios inmediatos. A escala global, del dinero irregular que circula, se calcula que menos de un tres por ciento es producto de la corrupción de los estados, un 60 por ciento es evasión impositiva y un 37, del narcotráfico, contrabando y venta de armas. Esto induce a pensar que son los privados, los malos empresarios, los más perjudiciales para las economías nacionales pero, gracias a los machacones mensajes mediáticos, la mayoría de la población piensa que la corrupción política es lo más grave. Raro, porque los pueblos sólo pueden elegir a sus representantes, no a los exportadores, empresarios ni fabricantes. Creer ciegamente en estos prejuicios es como renunciar a la democracia.
El otro país
Pero hay más. El PRO no deja de sorprendernos. Después del obsceno giro discursivo de Mauricio Macri, comenzaron a aparecer los descafeinados cortos de campaña. Besos, abrazos, caricias, piropos y otros recursos más adecuados para un culebrón vespertino que para posicionar a un postulante a la presidencia. El cambio es la promesa y la cordialidad, el recorrido propuesto. El empresario exitoso, serio, casi robótico se convierte en un hombre sencillo, abierto, que se zambulle en un pueblo para ser parte de él, escucharlo y resolver sus problemas. Macri se presenta como un personaje externo que siempre está entrando, pero nunca termina de hacerlo; que busca una pertenencia que nunca ha tenido; que está dispuesto a las empatías más incompatibles con tal de ganar. Hasta trata de sonreír.
Otro país es posible, es el mensaje casi de auto ayuda. Eso ya lo sabemos; hemos probado muchos países desde que nacimos como país, aunque en casi todas las versiones, gobernaron siempre los mismos. Desde las sombras, por supuesto. Y para su exclusivo beneficio, siempre es necesario aclarar. Ahora que descubrimos el país que nos conviene a todos, ellos quieren retornar con el de siempre, aunque intenten presentarlo como algo novedoso. Tan innovadores son que proponen cambiar pero manteniendo lo que antes decían que estaba mal. Tan eficaces serán que garantizan que las empresas de servicios seguirán estatizadas y continuarán las políticas de inclusión sin retenciones ni aranceles de importación y con un dólar tan libre como un colibrí. Un Estado enorme para re distribuir pero ínfimo para recaudar. Algo imposible en el mundo real.
Pero ahora se agrega un dato nuevo. En su programa Economía Política, Roberto Navarro difundió un video con el verdadero proyecto del PRO. Carlos Melconián, Miguel Ángel Broda y José Luis Espert exponen ante un grupo de empresarios lo que Mauricio Macri hará de alcanzar la presidencia. La emoción fingida del Alcalde Amarillo cuando prometió mantener la AUH es un poroto comparada con la verdadera pasión con la que estos tres operadores de mercado relataban el país de sus sueños. Dos pequeños ejemplos para no hacer tan vomitivo este apunte: Melconián afirmando que sobran tres millones de jubilados, los beneficiados por la moratoria previsional y Espert delirando con las paritarias como una acción fascista del Gobierno. La cereza de este venenoso coctel es Broda anunciando el inexorable ajuste con la expresión de un científico loco.
Mientras la pantalla nos muestra los edulcorados encuentros con los vecinos, estos apologistas del ajuste se preparan para la invasión y el saqueo. Gabriela Michetti, con exagerada humanidad, nos ofrece un teléfono para que contemos nuestros sueños pero detrás de los algodones perfumados se esconden estos terroristas de las finanzas para desplegar sobre nosotros las peores pesadillas. Sin duda, los PRO son peligrosos. ¿No deberíamos considerarlos traidores por pergeñar tan nocivo engaño?

3 comentarios:

  1. son traidores no cabe duda y venden ilusiones, vieja y retorcida trama

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  2. son traidores no cabe duda y venden ilusiones, vieja y retorcida trama

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  3. ¡¡¡ Excelente !!!. Una clara exposición de algo que solo quienes no quieren ver, pueden ignorar. ¡ Y hasta defender, en algunos casos !.

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