lunes, 29 de febrero de 2016

La sonrisa que no fue



Las burlas hacia la gestión amarilla y sus funcionarios proliferan por las redes sociales todos los días. Las fotos trucadas que muestran a un burro con traje o con banda presidencial, los disparatados diálogos que se reproducen -algunos reales y otros inventados- y demás muestras de la fructífera imaginación de los usuarios son divertimentos, pero no pueden constituir crítica. Si los colores de la bandera francesa estaban invertidos puede ser un problema de proyección y la enseña argentina con las franjas verticales también apareció en algunos actos de Cristina. Estos detalles entretienen y por eso, nos distraen del fondo del entuerto en el que estamos metidos. Pero no todas las fotos son distractivas: la imagen del encuentro entre Macri y Francisco vale –en serio- más que mil palabras. Y además muestra un fondo, el de una relación de cordialidad casi imposible. La ausencia de sonrisa en el rostro del Papa –que abunda en otras ocasiones- arruinó la foto que Macri más deseaba. Seguramente, el portarretratos al que esté destinada no tendrá un lugar muy destacado en la repisa donde se ubiquen estas cosas.
La excusa esgrimida por el opo-oficialista Juan Manuel Urtubey –convalecencia por unas líneas de fiebre- se desmorona con el siguiente encuentro que tuvo el Sumo Pontífice. Después de aburrirse con Macri, el  ex Bergoglio mantuvo una reunión con el obispo de Quilmes, Carlos José Tissera, donde las sonrisas abundaron. Y los minutos también, porque duró 53, contra los 22 que le concedió a Macri. Sin dudas, ni ganas de fingir tuvo Francisco durante la visita del empresidente. Encima, que el ex Alcalde haya trasladado la interna del Justicialismo hasta el Vaticano fue un aporte para el malhumor papal. Y más aún cuando la gobernadora de Tierra del Fuego es sobrina del cardenal Tarcisio Bertone, con quien el Papa mantiene una relación tensa. En estas condiciones, cualquier foto puede tener interferencias.
Pero hay algo más que dibujó esa mala cara en el rostro de Francisco. Macri representa lo que el Papa condena: la angurria empresarial, el individualismo, la exclusión y el modelo del derrame. Si alguien duda de esto, basta hacer una rápida lectura de los dos textos que le regaló al empresidente: la exhortación Evangelii Gaudium y la encíclica Laudato si. Algunas frases pueden esclarecer más los motivos del gesto ceñudo del Pontífice: “el gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”; “así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata”; “algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”. Si Macri leyera estas cosas, entendería que esa incomodidad del Papa expresa más que mil marchas en su contra.
Provocaciones, trampas y algo más
Además de los dos documentos, Francisco entregó a Macri un medallón con un olivo que “une lo que está separado”, un obsequio que acostumbra a hacer a los jefes de Estado. Después del encuentro, el Ocupante Temporal de La Rosada recitó uno de sus más emotivos hits: “con el Papa hablamos de la gran preocupación por unir a los argentinos, de dejar atrás los rencores, de la importancia que depongamos posiciones extremas”. Claro, para él y los que piensan como él, para llegar a ese objetivo hay que erradicar todo rastro K. Por eso sus intentos de dividir el PJ, derogar con decretos leyes sustanciales, desmantelar organismos y denostar con fábulas inverosímiles los grandes logros de la Década Ganada. Una vez que el país se deskirchnerice todos estaremos unidos y dominados.
Aunque se creen triunfantes, sólo han logrado un empate apenas inclinado. Aunque lograron enceguecer el presente individual, los PRO no podrán vulnerar la memoria colectiva. Aunque sueñen con quedarse el resto de la historia, apenas estamos viviendo un breve paréntesis. Aunque reciten las excusas de la pesada herencia, el afán destructivo de estas fuerzas de ocupación ya está en evidencia. Aunque muestren los colmillos, cada vez somos más los que queremos recuperar el país.
Sin dudas, la crisis que vamos a padecer en nada se relaciona con las condiciones pre-existentes: es pura creación amarilla. Si esgrimen el Estado quebrado para justificar los despidos, ¿para qué renuncian a la recaudación tributaria con el mercado externo? Si están preocupados por la inflación, ¿por qué toman medidas que, sin dudas, la disparan? Si el objetivo es la Pobreza Cero, ¿por qué sus decisiones acrecientan la desigualdad? Si quieren combatir el narcotráfico y la corrupción, ¿por qué desmantelaron la UIF y nombraron al frente a funcionarios de bancos sospechados de lavado de dinero? Si quieren unir al país, ¿por qué Milagro Sala sigue presa, a pesar de que no han formulado ninguna acusación judicial en su contra?
Tampoco quieren un país en paz. En tiempos del kirchnerismo, los medios hegemónicos hablaban de crispación para sintetizar la disputa del Gobierno con el Poder Económico; dramatizaban sobre divisiones y adoptaron la grieta como la mejor metáfora para graficar una realidad que atraviesa toda nuestra historia. De aquel lado está la oligarquía de siempre pero con trajes distintos; de éste está el pueblo, que aún no termina de despertar. De aquel lado están los enemigos, sus adláteres y los sirvientes de siempre; de éste, un colectivo solidario que ya encontró, una vez más, el camino hacia el país que nació en 1810. De aquel lado están los cipayos de otrora, después, neocoloniales y ahora, indisimulables agentes del Imperio Global; de éste, ciudadanos que comprenden el peligro que nos acecha. Pero en el medio, habita un número indeterminado que aún no ha encontrado con quién identificarse, que ha olvidado su raíz, que ha extraviado su rumbo. A veces, se inclina por un lado y otras, por otro. Un nuevo vaivén inicia este capítulo de Nuestra Historia.  
Si será breve o eterno no depende de la voluntad divina, sino de la paciencia para soportar los golpes y provocaciones que nos destinan los amarillos. Los despidos, recortes, retrocesos, torpezas, mentiras, amenazas forman parte de las agresiones que día a día destinan, tanto a los que no votaron por ellos como a los que sí confiaron en las promesas del cambio. El paro de ATE fue una primera reacción; el tan peligroso protocolo de seguridad, la advertencia. La ilegal prisión de Milagro Sala, el castigo; las movilizaciones y protestas nacionales e internacionales, la respuesta. Las modificaciones en el impuesto a las ganancias, el cebo; el clima de impotencia y malhumor como caldo de cultivo para un descontento mayor.
En lugar de buscar la concordia, quieren provocar el caos. La visita de Obama parece una afrenta en plena conmemoración del 24 de marzo. El re estreno del culebrón de Nisman, semeja la burla de un mal vencedor. La citación de Bonadío a Cristina, una chispa sobre un polvorín. O una ostentación del más absurdo poder. Como si quisieran unirnos, pero todos de este lado. Como si quisieran que hagamos lío, para despertar la sonrisa de Francisco.

4 comentarios:

  1. El Papa se ganó el odio de los cacerolos. Espero que a la larga entiendan el porqué de ese gesto serio. Y se arrepientan de haber votado a Mugricio

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    1. Una pena que no pusiste tu nombre. Algunos ya se están arrepintiendo y otros, pronto lo estarán. Abrazo

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  2. Don Gus, ¿No se estará usted reconciliando con la Iglesia, no?...

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    1. De ninguna manera. Sigo siendo el hereje de siempre. Mi valoración de Francisco es sólo política y temporal. No me olvido que Bergoglio habló de la Guerra de Dios en tiempos del matrimonio igualitario

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