sábado, 11 de junio de 2011

Sobre satélites y misiles

No cabe ninguna duda: este caso generó un dolor incontenible. Hebe de Bonafini perdió otro hijo y muchos se regodean, revuelven con sus mandíbulas infectas las heridas, tratando de llegar hasta las entrañas. Muchos miramos incrédulos una escena cargada de salvajismo infrahumano. Encontraron lo que buscaban, un lado flaco donde clavar los dientes y desgarrar hasta la médula.
El satélite SAC-D Aquarius fue ignorado por los principales medios, no sea cosa que destiña su fiesta carroñera. Y uno no quiere tapar una cosa con otra, desviar la atención de un caso que duele con algo triunfante y festivo. Eso sería demagogia. Uno exige algo de equilibrio. A cada cual lo suyo. Seguro que si Schoklender hubiera estado en el satélite, otra sería la historieta. Pero la foto es ésta: encontraron un punto vulnerable y están exultantes, excitados, cebados.
Y todo esto sin quitarle importancia ni gravedad al caso en cuestión, porque la tiene. La va a seguir teniendo por un tiempo, pues todavía no se sabe la magnitud de la estafa ni la capacidad de daño que tiene. Pero indigna la desproporción. El Gobierno de Buenos Aires firmó un convenio con PRIMA para la compra de neetbooks destinadas a repartir en los colegios con sobreprecios descomunales y el silencio puebla las pantallas. Lo que al Gobierno Nacional le significó 325 dólares por aparato a Macri le costó 919 dólares. Casi tres veces más y eso también es grave. Pero claro, PRIMA es una empresa del Grupo Clarín y la complicidad es evidente. El silencio está justificado.
Insisto: ambos casos son graves y merecen casi un espacio similar en la agenda. Lo que menos se espera es el ocultamiento absoluto de uno de los casos en detrimento del otro. Pero no. Parece que hay corrupción de izquierda y corrupción de derecha. Una es más grave que otra. O mejor dicho, más funcional.
Pero volvamos a Schoklender y la traición, la caja de Pandora que inspira kilómetros de papel y toneladas de tinta. En los últimos días, es notorio el cambio de estilo, la modificación milimétrica del blanco. La semana pasada, muchos de los periodistas apuntaban al ex apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo pero evitaban, de manera explícita, dañar la imagen de Hebe de Bonafini. Como nadie salió a defender a Schoklender, sino todo lo contrario, ahora el objetivo es vulnerar la imagen de Hebe. Manipulan las declaraciones de los representantes de distintas organizaciones de Derechos Humanos para producir división, ruptura en una lucha que lleva más de tres décadas.
Y con este caso no sólo atacan a la organización Madres de Plaza de Mayo sino que por extensión hacen lo propio con todo lo relacionado con la búsqueda de Verdad y Justicia en las causas de delitos de Lesa Humanidad. Pero hay mucho más porque en este caso encontraron un tema que da lugar a una acción con objetivos de largo plazo.
La funcionalidad de la traición de Schoklender excede los límites de lo imaginable. Porque este hecho delictivo, en el que se mezclan la malversación de fondos públicos, la estafa y el lavado de dinero, constituye un anillo en el dedo de las corporaciones que pretenden recuperar el poder absoluto en el país. Como los candidatos que presentan para las presidenciales no miden ni para el premio consuelo utilizan el escándalo de “Sueños compartidos” para ocultar la ausencia de un modelo alternativo. Al no tener nada mejor que proponer, este doloroso acto de corrupción se convierte en el combo perfecto, en la cajita feliz de los nostálgicos de los noventa.
Con un solo caso, intentan socavar un modelo que los perturba, que les quita el sueño que de ninguna manera quieren compartir. En la mira de sus destructivos misiles están la política de derechos humanos, la disminución de la pobreza, la intervención del Estado para garantizar el crecimiento de la economía, la redistribución del ingreso, la inclusión, la construcción de viviendas sociales, la alianza latinoamericana. Y no es casualidad que, como moño del paquete, Ricardo Alfonsín –el candidato que los representa- prometió austeridad en caso de llegar a convertirse en el próximo presidente, con todo lo que eso significa. Y en eso la memoria no nos puede fallar y lo que ocurre en muchos países europeos puede actuar como recordatorio.
Día a día se descubren más propiedades, más ilícitos que deben ser investigados y castigados hasta el último de los involucrados. De eso no cabe duda. Tanto para los partícipes, los cómplices o los que dejaron hacer. Pero hay que estar atentos. La corrupción no es inherente al modelo, sino una anomalía. Los nuevos medios permiten acceder a una mayor información, más completa y más confiable; más comprometida y menos malintencionada.
Pero hay algo evidente: es lo único que tienen para amenazar con el retorno de los tiempos oscuros y por eso lo aprovechan hasta el abuso. Además –y esto lo voy a decir en voz baja, para no avivar giles- muchas veces, la información machacona e insistente puede ocasionar una saturación y descrédito por parte de los lectores. Puede ser más contraproducente que efectiva y tanta salivación ante la presa puede ahogar sus intenciones. Mientras tanto, desde este espacio y por el bien de nuestro futuro, confío como nunca en la Justicia para llegar al fondo y poder seguir adelante en la construcción de un país para todos.

4 comentarios:

  1. Lo comparto...la verdad que haces un "estudio anatómico" digno del forense más detallista.Muchas gracias Gustavo.Tu pluma es certera como flecha en la diana.

    ResponderEliminar
  2. No cabe duda que estamos ante una guerra, o mejor dicho, ante la batalla final. El ariete de la corporatividad especulativa, la patria finaciera, los comodity, y todos aquellos que vivieron de nuestra miseria durante tantos años, pegan con lo que pueden, tirando manotazos de ahogado. Vino este pelotudo de Shoklender (nunca se como se escribe)y les dio un centímetro de soga. Y se agarran de ella. ¡Vamos, Viejo!. Ya no se trata siquiera de que gane Cristina. ¡Por favor!, ¡Que no ganen ellos!. ¡Yo quiero este País!

    ResponderEliminar
  3. Un aporte discontinuo, que no entiendo cómo se les escapó a los ávidos editores de PPT.
    El Miércoles pasado, en C5N, el periodista (con perdón) Eduardo Fachmann (o el Feinmann malo, como bien lo bautizó la picaresca) presentó un informe donde (textual) "significativos personajes de las organizaciones de Derechos Humanos `cuestionaban´ a Hebe de Bonafini por el caso Shoklender".
    Al margen de la capciosa utilización del verbo "cuestionar", cuando va el tape, el primero de los entrevistados que aparece es... (¡charán, charán!): ¡LUIS D´ELIA!!!
    Pregunta final: ¿desde cuándo Luis D´Elía dejó de ser, para Eduardo Fachmann, un mono violento, corrupto y fascineroso para transformarse en un "significativo personaje de los DDHH?
    Gran nota, Gustavo, como siempre. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Llego desde el blog de Horacio Fontova que te linkea. No debo olvidar agradecerle. En sintonía con lo que decís sobre la insistencia excesiva en la cuestión posteé algo escrito con muy menor calidad que la ofrecés. De haber pasado antes por acá, te citaba y no hacía papelones. Un placer leerte.
    Saludos.

    ResponderEliminar

¿Qué ves cuando te ves?

El camino a las elecciones legislativas se presenta tenebroso . Y un poco confuso, porque muchos de los que hacen campaña no son cand...