lunes, 6 de junio de 2011

Un Martín Fierro para Sergio


No todos estamos expuestos a ser sospechados de enriquecimiento ilícito. Hay que hacer carrera. Para generar las sospechas basta formar parte de esos espacios donde se reparte la pasta. Los organismos públicos son los lugares ideales para esta actividad. También las fundaciones y las ONG. Además, el crecimiento patrimonial debe ser notorio. No basta con un LCD o una notebook o un viajecito a Cataratas para ser sospechado. Si de viajar en colectivo paso a moverme por la ciudad en una ferrari con chofer es para que no se me mire con buenos ojos.
En nuestro querido país tenemos una vasta experiencia en casos sonados de corrupción, sobre todo en los noventa, cuya andanada de carreras meteóricas hacia la riqueza nos ocultaba el modelo que nos estaba llevando a la ruina. O mejor dicho: esos actos de corrupción formaban parte del modelo y junto con eso, la ostentación de la impunidad.
En estos días, un poco para contrarrestar el descabellado e injusto fallo de la Cámara de Casación Penal sobre la irregular adopción de los hijos de Ernestina Herrera de Noble, comenzó en los medios opositores una feroz campaña de des-información sobre el caso de Sergio Schoklender.
A mediados del año pasado, dos legisladoras de la Coalición Cívica Elsa Quiroz y Maricel Etchecoin Moro realizaron una denuncia contra el entonces apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo por lavado de dinero. Para ese entonces, la Unidad de Investigaciones Financieras, a cargo de José Sbatella ya estaba realizando una sigilosa investigación por irregularidades cometidas en el programa de construcción de viviendas “Sueños compartidos”, de Madres de Plaza de Mayo. La denuncia de las legisladoras aceleró los trámites judiciales e impidió una mayor profundización en la investigación.
Las denuncias de Quiroz y Etchecoin Moro apuntan a la compra de un inmueble en José C Paz cuya adquisición no se concretó, pues sólo se pagó una seña de doce mil dólares y el resto quedó impago. El trabajo de la UIF apuntaba a operaciones de mayores montos y la creación de dos empresas destinadas a actividades ilícitas. El expediente lleva hasta ahora más de cuatro mil fojas y está en el juzgado de Norberto Oyarbide.
Estos dos párrafos apuntan a demostrar que el caso no es reciente y que estaba siendo investigado. No surge de ahora, sino que alcanza notoriedad al calor de la campaña. Ahora bien, lo escabroso del asunto es la utilización del tema por parte de la prensa para involucrar a todo el arco oficialista en este grave hecho de posible ilícito. El término “posible” sólo está puesto para respetar el beneficio de la duda y eso de que toda persona es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad. Hasta una organización tan emblemática como Madres de Plaza de Mayo termina siendo ensuciada por las denuncias mediáticas, a pesar de que los periodistas que “informan” sobre el tema aclaran que no es así. No aclares que oscurece, dice el viejo refrán.
Por supuesto que es extraño que alguien como Sergio Schoklender se convierta en el apoderado de una organización con la historia de lucha que tiene la conducida por Hebe de Bonafini. Algunos dicen que no se mostraba muy solidario, que trataba en términos muy duros a los beneficiarios de las viviendas de “Sueños…”, que no encuadraba demasiado en el espíritu de la entidad.
Uno se pregunta con todo derecho por qué una persona así llega a convertirse en el apoderado de este organismo con una historia tan fuerte y significativa en la lucha por los Derechos Humanos y la búsqueda de verdad y justicia, no sólo a nivel nacional sino internacional. O tal vez no despertaba sospechas al principio de su trabajo y su transformación se fue dando con el tiempo.
No es la primera vez que un hecho atroz ocurre en el marco de una organización que se supone pura, tanto por sus fines como por sus métodos. Basta recordar el caso de monseñor Edgardo Storni, acusado y condenado por abuso sexual y por desfalco económico en  Cáritas. Nada de eso manchó a esa organización ni a la Iglesia Católica. Ni los medios lo usaron para ese fin.
El asunto ahora es distinto. La operación mediática apunta a construir un entramado mafioso, que no sólo salpica a Madres de Plaza de Mayo y todos los organismos que han luchado por la justicia y la verdad en relación con los derechos humanos, sino a funcionarios del Gobierno Nacional y hasta a todos los que apoyamos este modelo de recuperación del país.
Si Sergio Schoklender cometió los delitos que se le imputan, deberá volver a la cárcel y recibir el repudio por haber utilizado esta institución para incrementar su patrimonio. Los personeros de la prensa carroñera –mañana es el día del periodista-  merecen el ostracismo por parte del público que hasta ahora los sigue. Y finalmente, el protagonista de esta historia, Sergio, merece un Martín Fierro –aunque tardío, especial, fuera de concurso y en la categoría que inventen- por haber aportado un tema para que la oposición política y mediática intente destruir todo lo que se ha conseguido en estos últimos ocho años.

2 comentarios:

  1. De acuerdo contigo punto por punto.Añado solamente que tanto el gobierno como las Madres olvidaron un principio que nunca hay que olvidar cuando se usa plata de la ciudadania "Hay que controlar SIEMPRE al controlador".Dicho esto ¡¡Fuerza a las Madres!!.Comparto tu artículo en mi blog nombrando fuentes.Muchas Gracias.

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  2. El arco opositor, tanto gráfico como político, está desesperado. ¿Que escuchamos decir de estos infames cuando en los 90 se saqueaba el país?: Nada. Claro, sus capitales crecían exponencialmente. Ahora les metieron el dedo en el culo y gritan de placer y dolor porque el dedo es largo y grueso, y lo formamos todos aquellos que creemos firmemente que este es el mejor gobierno de los últimos sesenta años. ¡Ladran Sancho, señal que cabalgamos!

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